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Semana Santa en el mundo


El cristianismo (rosa fuerte en el mapa), está en gran parte del planeta y cuenta con cerca de 2400 millones de seguidores que en estas fechas celebran desde sus distintos credos la Semana Santa, la Pasión de Cristo (fundamento de esa inmensa religión), conformada por una serie de etapas en los últimos días de Jesús de Nazaret en la tierra, que son, usualmente, entrada a Jerusalén (Domingo de Ramos), última cena, viacrucis, muerte y resurrección.

Sin embargo, al ser una religión tan grande, la más extensa del planeta, existe gran diversidad dentro de las mismas celebraciones. A continuación te compartimos formas distintas de cómo celebran esta fecha en diferentes lugares que, por la dimensión o lo inusual de algunas de ellas, se han vuelto de interés turístico internacional.

Jerusalén, la Ciudad Santa

Empecemos por esta ciudad, epicentro de esta tradición, lugar donde Jesucristo resucitó y ascendió al cielo a los 40 días. La celebración comienza el Domingo de Ramos. Un rumor de rezo, de letanía, de canto en múltiples idiomas eriza el aire: una procesión se dirige desde el Monte de los Olivos (sitio de la ascensión de Jesús), hasta el casco histórico. La siguiente actividad tiene lugar hasta el Jueves Santo, cuando se celebra la eucaristía en el Santo Sepulcro y la peregrinación al Cenáculo en el Monte Sión (lugar donde Jesús celebró con los apóstoles la última cena de su vida), a la que siguen la meditación en el huerto de Getsemaní y una procesión a la iglesia de San Pedro. Se continúa con más actos durante el viernes y el sábado, hasta que el Domingo de Resurrección (día de alegría y fe), se lee el Evangelio en varios idiomas, y el Lunes de Pascua se peregrina a Emaús (uno de los sitios donde se apareció Jesús después de resucitar).



Filipinas, realismo sangriento

Foto: RURO photography

Los filipinos llevan al extremo su devoción en estas fechas. Impresiona especialmente su representación de la crucifixión de cristo misma que llevan a cabo con realismo espeluznante: pues algunos realmente clavan sus pies y sus manos a las cruces.


Son reales los clavos, la piel herida, los cartílagos rotos, las auténticas caras de dolor que se dejan ver en los penitentes que han accedido a sufrir lo mismo que Jesús de Nazaret. A pesar de que la Iglesia Católica Romana desaprueba dichas prácticas, en Filipinas se siguen haciendo estas crucifixiones reales, pues los que acceden creen fervientemente que hacerlo les libra de sus pecados y les llena de bendiciones.



España, patrimonio cultural de la humanidad

Foto: Carpetovetón

Toda España es especialmente reconocida por celebrar con devoción y magnificencia estas fechas, que se han vuelto de interés turístico internacional. Tan es así que fue declarada Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial en 2017 y se busca sea declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO. A través de todo el territorio español se celebran representaciones de la Pasión de Cristo y procesiones por parte de múltiples Cofradías y Hermandades.

Distintivo de la celebración española son los famosos “Pasos”, una especie de pesada plataforma ricamente adornada encima de la cual se cargan esculturas religiosas, que en las procesiones son cargadas por los costaleros, que se preparan física y mentalmente desde tiempo antes para ese acto que consideran sumamente honorable. Cada región, cofradía y hermandad tiene su forma particular de celebrar Semana Santa, pero son especialmente famosas las del sur español. Sevilla, por ejemplo, que en sus cortejos procesionales reúnen a casi 70.000 personas, entre nazarenos, costaleros, servidores y músicos.



México, quemar a Judas

Foto: Fernando Rosales V.

Otro caso igualmente importante es el de México que en 2010 el 82.7% de su población era católica, por lo que la celebración de Semana Santa está presente en todo su territorio, pero, como en España, es diversa en cada sitio.

Comienza frecuentemente antes que las mencionadas, pues inicia el Viernes de Dolores, anterior al Domingo de Ramos, pero igualmente se celebra con numerosas procesiones y representaciones de la Pasión de Cristo.


Uno de los días más populares es el Domingo de Resurrección, cuando se queman muñecos de papel que representan a Judas (a veces, en representación simbólica de otros personajes igual de despreciados por la población).

Una de las más famosas y tradicionales es la de Iztapalapa, delegación ubicada al oriente de la Ciudad de México. En ella se lleva a cabo un viacrucis sin igual que tiene como escenario sus calles y plazas, así como el imponente Cerro de la Estrella, evocación del Monte Calvario a la hora de la Crucifixión. Su origen se remonta 187 años atrás cuando una epidemia de cólera devastaba Iztapalapa, por lo que se iniciaron las procesiones para pedir el cese de la enfermedad. En 2019 la famosa pasión de Iztapalapa reunió a más de 12.000 actores amateur.

Semana Santa 2020:“…Cristo, igual que todos, / está en su casa encerrado”


En el actual año en el que la mayor parte del planeta está bajo cuarentena por la actual pandemia de Coronavirus está siendo imposible que las procesiones y festejos se lleven normalmente a cabo. Sin embargo, una tradición tan arraigada en la tradición y con un sustento histórico y cultural tan amplio es difícil de detener. Esto no ha implicado el cese de las celebraciones. Los creyentes han buscado la manera de llevarlas a cabo de manera segura, de otras maneras, aunque implique dar las misas a puerta cerrada, trasmitirlas por internet vía streaming, etc.


A propósito de esto les compartimos este bello poema de la religiosa hermana Lucía Carmen de la Trinidad, que escribió desde el Carmelo Teresiano de Antequera (España) para dar un poco de color con qué sobrellevar esta situación con la pandemia que nos ha dejado sin primavera.


Si sabrá la primavera

que la estamos esperando...

Si se atreverá a cruzar

nuestros pueblos despoblados,

colgando en nuestros balcones

la magia de sus geranios.

Si dejará su sonrisa

esculpida en nuestros campos,

pintando nuestros jardines

de verde, de rojo y blanco.

Si sabrá la primavera

que la estamos esperando...

Cuando llegue y no nos vea

ni en las calles ni en los barrios,

cuando no escuche en el parque

el paso de los ancianos,

o el bullicio siempre alegre

de los chiquillos jugando.

Si creerá que equivocó

la fecha del calendario,

la cita que desde siempre

la convoca el mes de marzo.

Si sabrá la primavera

que la estamos esperando...

Cuando estalle jubilosa

llenando de puntos blancos

los almendros, los ciruelos,

los jazmines, los naranjos…

una lluvia de azahar

refrescando nuestros patios.

Y no vea que a la Virgen

la engalanan para el Paso,

y nadie alfombra sus pies

con pétalos y con nardos.

Que se ha guardado el incienso,

el trono, la cruz y el palio.

Y que Cristo, igual que todos,

está en su casa encerrado,

y no lo dejan salir

ni el Jueves ni el Viernes Santo...

¿Pensará la primavera

que tal vez se ha equivocado?

¿Escuchará los lamentos

de quien se quedó en el paro,

de quien trabaja a deshoras

por ayudar a su hermano,

de aquél que expone su vida

en silencio y olvidado?

¿Escuchará cada noche

los vítores, los aplausos

que regalamos con gozo

al personal sanitario?

¿Pensará la primavera

que tal vez se ha equivocado

y colgará sus colores

hasta la vuelta de un año?

Si sabrá la primavera

que la estamos esperando...

Que se nos prohíbe el beso,

que está prohibido el abrazo;

el corazón, sangre y fuego,

el corazón desangrado.

Si sabrá la primavera

que ya la estamos soñando...

Asomados al balcón

de la Esperanza, esperamos

como nunca, que ella vuelva

y nos regale el milagro

de ver florecer la vida

que hoy se nos va de las manos...

¡Bienvenida, primavera!

Hueles a incienso y a ramos,

con tu traje de colores

y los cantos de tus pájaros.

Ven a pintar de azul-cielo

esta tierra que habitamos.

¿No sentís que en este mundo

algo nuevo está brotando?

Si será la primavera

que está apresurando el paso…

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