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El ballet, breve historia a través de sus maestros

Actualizado: may 20

Los bailarines son los atletas de Dios. (A. Einsten)
Yo sólo podría creer en un dios que supiese bailar. (F. Nietzsche)

Algo grande está por surgir en París el 15 del mes de octubre de 1581, mientras el renacimiento ilumina Europa y el barroco y el rococó asoman en lontananza. La corte de Catalina de Medicis, reina de Francia de origen italiano, se encuentra inquieta. Está por festejar el matrimonio del Duque Joyeuse y Margarita de Lorena. La reina ha mandado al coreógrafo italiano Balthasar de Beaujoveux prepare, para amenizar la celebración y añadir fausto y lujo al evento, una serie de espectáculos titulados "Ballet Comique de la reine". Los bailarines y los actores que participen serán cortesanos y cortesanas del círculo íntimo de la familia real en la corte. El espectáculo, que dura 6 horas, es considerado el momento del nacimiento del ballet en la historia.


Vestuarios cortesanos del siglo XVII

No era entonces más que un entretenimiento desarrollado por actores y bailarinas amateur de la misma realeza y por ello se le conoce como Ballet Cortesano. No obstante, con el tiempo se crearán las primeras escuelas y se harán los primeros intentos de sistematizar su enseñanza. El ballet se volverá pronto una profesión, sustentada por una técnica, y se esparcirá después por el mundo y por la historia hasta nuestros días.

Pero esto no habría sucedido sin la indispensable labor de los educadores y las escuelas que lo irán formando e irán creando. Vale la pena por ello conocer los momentos más importantes de esta otra historia del ballet, la de su enseñanza y sus grandes maestros formadores.


Rey Luis XIV, de Francia, fue un excelente bailarín

Para ello, regresemos un poco a sus inicios en Francia. Justo después del Ballet Cortesano, iniciará el trayecto hacia el Ballet clásico cuando Luis XIV crea la Academia Real de la Danza (después Academia de la Música y la Danza de la Ópera de París) en 1661, bajo responsabilidad de Beauchamp, su profesor de baile personal y el bailarín más aclamado de sus días. El regio mandatario, llamado Rey Sol por su egocentrismo y porque “iluminó” Francia durante su reinado, fue un gran amante y practicante del ballet hasta el punto de establecerlo como obligatorio en todas las escuelas durante su mandato.

Dicha Academia Real de la Danza tenía como intención inventar una técnica que pudiera ser usada para transformar el ballet en una disciplina metódica y formal. En ello Beauchamp ocupará un papel principal y será el primer gran maestro de esta historia. Sus aportaciones serían la base para la enseñanza del ballet incluso hasta nuestros días.

Beauchamp es el creador de las seis posiciones de los pies y de los brazos base del ballet clásico, aún en uso. A él se le debe además, junto a Feuillet, la creación del método de notación de este arte. Feuillet por su parte publicaría en 1700 un compendio donde se reproduce la totalidad de los pasos codificados del ballet, otro gran aporte la enseñanza de este arte.


Con estas bases, que le darían esplendor y gloria, el ballet empieza a cautivar Europa entero mientras parece fallecer en Francia, pues el fervor francés por el ballet irá menguando progresivamente a partir de 1850. Sin embargo, como se sabe, florecería en otros sitios del mundo incluído el Nuevo Mundo en donde, ya entrado el siglo XX, las mejores escuelas se formarán en Estados Unidos y Cuba.


El TUTÚ, usado por primera vez en 1831

Pero el segundo gran auge del Ballet después de Francia será en Rusia, la otra gran casa del ballet clásico. Los Ballets Rusos pronto revolucionarían el concepto de ballet en el siglo veinte. Será en este periodo de esplendor en el que el tutú aparecerá en escena combinando perfectamente con las mallas y las zapatillas de ballet introducidos tiempo antes, y entonces el ballet se volverá aéreo y femenino, no por sus ejecutantes, pues es una disciplina para ambos sexos, sino por su levedad y delicadeza.

Aquí aparece el otro gran protagonista de esta historia y que le da nueva vida al ballet. Se trata de Marius Petipa, un francés que encontró gloria en Rusia donde vivió gran parte de su vida. Él nos legará grandes e inmortales obras del ballet clásico como El Lago de los Cisnes, La Bella Durmiente, La Bayadère, El Cascanueces, auténticas cátedras en la enseñanza de este arte y joyas del ballet. Sin embargo, Petipa queda en la historia como un creador de coreografías y no dejaría en ningún sitio una exposición razonada de sus ideas sobre la danza y el ballet. Sí lo hará, en cambio, Cechetti, la otra gran figura que consolidaría la escuela rusa. A él le debemos la creación del método que lleva su nombre y es otro gran maestro del ballet clásico. Todos los bailarines del mundo conocen y entrenan con su método que se caracteriza por ser un programa estricto, con rutinas de ejercicio previstas para cada día de la semana.


Cechetti tuvo la pretensión de convertir la enseñanza del bailarín en una ciencia exacta y con ello el ballet clásico terminaría por convertirse prácticamente en una perfecta máquina de relojería, admirable por su perfección, por supuesto, pero que pronto empezaría a levantar inquietudes por la rigidez de su academicismo. A causa de ello, el ballet inicia nuevos viajes y nuevas transformaciones dando lugar al Ballet neoclásico y el contemporáneo donde también surgirían verdaderos maestros que no solo encontraron una manera para enseñarlo, sino que con su labor misma lo trasformaron.


Surgirán nombres como George Balanchine, Anna Pávlova, Agrippina Vagánova, Isadora Duncan o Rudolf Nuréyev, creadores de nuevos métodos o verdaderos maestros de su arte que serán cátedras vivas, inspiración y figura de idolatría para nuevos bailarines. Sin embargo, nos vamos quedando sin espacio y sus figuras requieren de más que una mención apresurada. Prometemos, por ello retomar pronto su historia y aportes en una nueva entrada.

No queremos, sin embargo, despedirnos sin reconocer la importancia y labor de todos los grandes maestros de este arte en el mundo que, a través de su exigente dedicación y disciplina, han formado muchas generaciones de extraordinarios bailarines y compañías imprescindibles para la difusión y el disfute de este arte tan estimulante y necesario para la vida misma.Por ello exaltamos su importancia cultural y social y te invitamos a acercarte más a este maravilloso y elegante arte del movimiento, que como dijo la gran bailarina fundadora del Royal Ballet de Londres, Ninette de Valois: “no morirá jamás”.


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