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Bel canto, el virtuosismo de la voz humana

Actualizado: jul 29

Por gritar fuerte no se canta bien sino con suave y dulce melodía se hace buen canto y eso requiere maestría. Jacopo da Bologna
Foto: Ken Howard/Metropolitan Opera

Bel canto no es sinónimo de ópera, aunque con el tiempo haya terminado usándose con este significado. En realidad, es una técnica de canto de origen italiano, que surgió en el siglo XVI y que tuvo su máximo esplendor durante el gran auge de la ópera italiana en Europa en el siglo XIX.


Si comparamos con la danza, diríamos que el Bel Canto es al canto lo que el Ballet clásico a la danza. Aunque su traducción es canto lindo, más que bello, su rasgo principal es ser un canto virtuoso, una técnica brillante, pulida, de una ejecución ágil y perfecta. Nos podemos imaginar su mejor momento con la imagen de un cantante solista del siglo XIX, acompañado de una pequeña orquesta de cámara, exhibiendo orgulloso su adornada y ágil voz en un lujoso salón de algún palacio o mansión italiana para complacencia de una época que idolatró el espectáculo del control absoluto de la voz como instrumento y sus alardes técnicos.


Su historia esconde uno de los momentos de máximo esplendor y virtuosismo del canto y la voz que te invitamos a conocer.


Música y palabra en busca de su equilibrio

Se originó indiscutiblemente en Italia, alrededor de 1600, coincidiendo con el surgimiento de la ópera; algo que no fue azaroso, pues del mismo grupo de intelectuales que creó la ópera, la llamada Camerata Florentina, surgió el padre de esta técnica de canto, Giulio Caccini (1551-1618), cantante solista e instrumentista italiano, que a través de su obra Nuove Musiche (1601) dejó el primer testimonio escrito de dicha técnica.

Por aquellos días la historia de la música vivía una de sus transformaciones decisivas: la música instrumental se empezaba a imponer fuertemente frente a la música vocal religiosa del Medioevo. La idea de considerar la voz igual que cualquier instrumento de la orquesta, como el clavicordio, un arpa o un violín significó el primer paso en la creación del bel canto.

Sin embargo, a diferencia de los otros instrumentos, la voz podía emitir palabras. Y esta característica resultó un obstáculo para ser considerada como un instrumento más, pues en esa época, en las primeras óperas, las palabras eran más importantes que la música. Aún quedaba por luchar esa batalla. ¿Qué hacer con las palabras y cómo compaginarlas con la música? Ese fue el gran logro del Bel canto al aplicar a la voz la misma teoría y sistema musical que se aplicaba en aprender cualquier otro instrumento. Dicho de otro modo, la voz ocupó su lugar en el pentagrama y pasó del libreto a la partitura.

La música y la palabra encontraron así su equilibrio. No obstante, no fue hasta mediados del siglo XIX que el Bel canto logró su auge y esplendor.


Siglo XIX, el siglo de la voz

Este es el siglo del esplendor de la ópera italiana, que se expandió a Francia y el resto Europa, y con ello también el bel canto. Aunque esta técnica de canto era un arte que venía del barroco, para esta fecha, era todo un espectáculo que se había puesto de moda en parte gracias a Mozart, el gran maestro del periodo clásico que, tras su muerte en 1791, había dejado muchas óperas.

La gente hablaba de estrenos, ir al teatro era un evento social, los cantantes eran divas o semidioses del momento, y todo mundo quería escuchar lo que podían hacer con su voz.


Fue un momento perfecto para el desarrollo del Bel Canto, que se constituyó como el ideal de los compositores de la ópera italiana durante esos días. Lo importante era el lucimiento al cien por ciento de la voz de los cantantes solistas, incluso muchas veces sobre la historia que se contaba. Se apreciaba sobre todo los malabares y proezas que los cantantes pudieran ejecutar limpiamente con su voz. Todo ello basado en un conocimiento y dominio profundo de la respiración y la emisión vocal.


La circunstancia histórica también favorecía la creciente magnificencia del Bel canto, pues la voz y los instrumentos habían logrado un equilibrio perfecto con las orquestas de cámara que, al ser de un número reducido de instrumentos, eran perfectas para apreciar hasta el más leve detalle de esa forma de canto caracterizada por el uso de florituras, adornos, y las más atractivas, ágiles y numerosas variaciones de la voz. Además, por el tamaño de los recintos donde se cantaba (cámaras y salones), no se necesitaban voces fuertes y poderosas, sino una muy buena técnica de respiración, fraseo, pronunciación, agilidad y legato.


Fue la época de oro del Bel canto y quienes mejor supieron encarnar ese ideal fueron los compositores italianos Gioachino Rossini (1792- 1868), Gaetano Donizetti (1797- 1848) y Vincenzo Bellini (1801- 1835). Actualmente, se siguen montando con frecuencia obras que son ejemplos excelentes de lo que fue el Bel Canto en esos tiempos, como El barbero de Sevilla de Rossini, Lucia de Lammermoor, L'Elisir d’amore de Donizetti y por supuesto Norma de Bellini. Esta última, según algunos, es la más alta muestra del Bel canto. Incluso, se ha llegado a afirmar que bastaría una correcta ejecución de “Casta Diva”, el aria mas famosa de dicha ópera, para entenderlo.


"John Bull at the Italian Opera" de Rowlandson

¿Mataron Verdi y Wagner el bel canto?

Desafortunadamente, el esplendor se dio muy rápidamente y a fin de siglo ya se veía su ocaso, además, empezaban a surgir numerosos detractores. Es comprensible. Se componía mucho y muy rápido, lo que ocasionaba constantemente el autoplagio, el uso de fórmulas repetidas y soluciones torpes. El estilo empezó a parecer exagerado y terminó saturando el gusto del público, que lo llegó a considerar artificial y estereotipado. Anna de La Grange (1825-1905), una célebre cantante francesa, llegó a escribir en la temprana fecha de 1846: "yo lo llamo sencillamente una manera chillona, para la que se necesitan unos pulmones de búfalo". Incluso existió un grupo, los scapigliati, que se encargaron de señalar sus vicios, clichés y defectos.


Por otra parte, empezaba a asomar desde Alemania la inmensa figura de Wagner, que empezaría a reclamar voces más enérgicas y dramáticas que pudieran sobreponerse al estrépito de sus inmensas orquestas y quien, por lo demás, odiaba abiertamente la ópera italiana. Verdi hizo otro tanto en su última etapa al dar mayor importancia a la orquesta y al exigir mayor fuerza en las voces. El Bel canto con sus trinos y florituras tenía sus días contados.

Ni Wagner, ni Verdi, ni siquiera los scapigliati fueron los responsables del declive del Bel canto. Pasó que la ópera estaba experimentando cambios importantes: las orquestas empezaban a ser demasiado grandes para los salones, los instrumentos se hacían cada vez más numerosos, se exigían cada vez más volumen en las voces y esto era, ciertamente, incompatible con el Bel canto, que enfatizaba la técnica sobre el volumen y que se decía se probaba con la impasibilidad de la llama de una vela encendida frente al cantante. Rossini, lamentándose, exclamaría hacía 1858: “Ay de nosotros, que hemos perdido nuestro bel canto".


María Callas (1923 - 1977)

El Bel canto hoy: entrenamiento vocal

Poco después, la técnica y escuela del Bel canto prácticamente desapareció, a pesar de ser un conocimiento de sumo valor para el arte vocal, más que una moda o una época.


Afortunadamente Maria Callas (1923- 1977), la célebre soprano griega, entre otros, supo ver su importancia y logró resucitarle en 1949 cuando canta “Elvira” de la ópera I Puritani de Bellini.


Actualmente, fuera de su contexto artístico e histórico, se ha vuelto de suma importancia en el estudio y aprendizaje del canto en general y se ha integrado a nuevos géneros. Un ejemplo de su vigencia e importancia son las famosas Mariah Carey y Celine Dion, quienes integraron el estilo del bel canto en entrenamiento vocal y aprendizaje.

En conclusión, no todos los cantantes de ópera son belcantistas, sino sólo aquellos que tienen facultades especiales y han estudiado esta técnica difícil para cantar cierto repertorio bello, sí, pero quizá no tan popular.

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